viernes, 6 de abril de 2012

Fire's sword.

Empuñadura azul mar, en ambos lados dos piedras; a la izquierda ámbar, a la derecha rubí. Justo en la parte baja de la empuñadura ambas piedras a la mitad; de ambas salía una rama dorada no muy brillante que enredaba como una planta la empuñadura azulada.

En la zona que la hoja se junta con la empuñadura está bañada en oro, muy levemente, el resto, era un azul cielo muy claro, con mucho blanco. El fuego que la acompañaba a la larga y delgada espada era rojo anaranjado, naranja rojizo, ya que al tiempo que crepitaba se observaban distintos colores.

Kerey, si no me equivoco, era su nombre, un chico con el pelo azul oscuro y profundo pero inconfundible con el negro y unos ojos dorados muy anaranjados con puntos rojos. 

Me ofreció recuerdos de cuando luchaba con él: ''En lo que ves, estábamos luchando juntos y llegamos a un punto de flitrarnos poder como si yo fuera un corazón, cuando eso ocurrió, el detalle dorado fue mucho más brillante, mi hoja azulada fue rojo casi sangre y el fuego llego a ser un blanco con resquicios de naranja. Cada corte que dabas era heladoramente cálido y el rastro que dejabas era de ese mismo color.''

Un detalle no muy importante pero que a mí me encanto, fue cuando descubrí su nombre: coloqué su hoja en mi frente, fría al tacto, pero la carne, venas y sangre, ardiendo.

Detalles especiales.

Antes de acostarme, viajé al desierto aquel donde creé las lindas flores creadas de ilusiones para mis amigos dioses. Era de noche en el desierto y una luna amarillenta como la arena y medio comida iluminaba el ambiente seco y frió del desierto, enorme.
Jugué con la ilusión de las flores hasta que mi querida amiga Mor apareció tras de mi, depositando un besito en mi mejilla. Hablé con ella de lo que pensaba hacer, la pedí alguna instrucción básica que había olvidado y que me eligiese el atuendo adecuado para lo que tenía pensado hacer.

Me vistió y me otorgo el aspecto de Sairazelle como quería que hiciese; ''Si salgo con este alma, somo tu y yo, así que si no os importa, lo usare en mis viajes''

Sonrió y me abrazo, quedándome al instante dormida.

[#]

Al despertarme, ya despejada y descansada, comencé el viaje que tenía pensado desde la noche anterior. Me encontré con la entrada triangular a aquel mundo en medio del desierto que Dreick me había explicado, recordaba poco de él, hace ya mucho que me lo explico y me había olvidado de cosas.
Lo básico lo tenía: no sabían nada de Valinor y me acordaba de ciertas cosas como el castillo que había ahí.
Sobrevolé siendo invisible la ciudad, intentando conocerla y supe que en hora humana allí serían sobre las 5 o 6  y estaban casi al principio del verano, aunque aun en primavera. Observe la gente desde cerca, siguiendo a un grupo de hombres hablar por una plaza, a una mujer en su casa satisfecha de su trabajo sentándose y leyendo algo, los bosques con un lago en un claro despejado de arboles, en el que un hombre no muy joven pero tampoco mayor, parecía ir a pescar o simplemente observar a los peces.
Quise asegurarme de ser invisible, y toque el agua haciendo que se formasen ondas, y ese hombre miro al cielo, donde no había ninguna nube y después al agua, convencido de que tenia que haber sido un pez.

Solamente me di una vuelta de reconocimiento ya que no recordaba con exactitud que hacer, simplemente me acordé del truco temporal, de poder aparecer en el mismo sitio años antes o después. Volando aún cerca de la gente que ni se enteraba de mi presencia, me sorprendió y asombró algo: una niña de unos 8 o 9 años.

Lo que probablemente fuese su madre, estaba hablando con una mujer, y la niña estaba a sus espaldas, mirando ligeramente al cielo, con una sonrisa de asombro y encantadora. Supe que me miraba a mí y me fijé en cada detalle de la pequeña: Aun suponiendo que tenia esa edad, parecía más pequeña y frágil, con un rostro realmente blanco y bonito, un cabello que le llegaba hasta los hombros bastante ondulado pero sin llegar a ser rizado, de un marrón chocolate con leche precioso. Si no recuerdo mal sus ojos eran grises profundos con el aro del iris tan negro como la pupila y vestía con lo que parecía una ''túnica romana'' de un rosa cerezo muy clarito.

Me miraba con una mezcla de asombro y adoración, también estudiándome con la mirada y quise saber como me había vestido Morwen. Realmente era normal que la pequeña niña me mirara de esa forma: mi atuendo era en su mayoría negro con detalles dorados y rojos rubí, bastante sencillo pero al tiempo super elegante, en cada una de mis manos un anillo reluciente, pulseras negras con brillo y la manga izquierda de mi atuendo era encaje dorado; parecía a ver sido bordado en oro.

También para mi sorpresa cuando la pregunté, sin poderlo evitar, si me veía, reconoció que la encantaba mi pelo y no mi ropa, aunque aún así también adoraba la ropa, todos a su alrededor vestían de forma no muy llamativa.
Su enorme, brillante y encantadora sonrisa de pequeña descubridora me lleno aún más de curiosidad por esa pequeña de pelo chocolate y ojos con brillo de luna.

Quién creía que era su madre ya se dirigía a coger a la pequeña de la mano a lo que me apresuré a decir que esto sería nuestro secreto, y ella asintió encantada y llena de emoción por aquellas palabras.
Ya me alejaba volando marcha atrás aún mirándola mientras me alejaba y ella se despidió saludando con su pequeña mano, cogiendo a su madre después, echando otro vistazo al cielo.

En el que ya no me veía.

Instituto: destrucción.

En el salón de actos, una joven niña aún en primaria, había presentado a todo el colegio su ''libro'' de historias cortas y poemas. Era un ejemplo a seguir, tan joven y tan claro lo que la gustaba que aplaudí. Fue la única que lo hizo y por alguna razón la única, al parecer, que causo el alboroto. Todo el mundo comenzó a levantarse a hablar en voz bastante alta como si el recinto se quemase, pero no era eso: afuera, en el patio, habían atracciones recién instaladas. La tropa de animales sin domesticar salía a trompicones, empujando y pisoteando a los más pequeños. Antes de que la pequeña protagonista del día fuese derribada por un semental idiota, la abracé y me alejé del revuelo, dejándola en un sitio segura con sus amigos.


Salí a exterior a ver que estaba ocurriendo, pero no eran más que varias atracciones con bastante cola cada una por montar. No hice más que cabrearme apoyándome en una verja o algo parecido mirando como al gente de mi curso y mucha más (en su mayoría adolescentes) subían y bajaban con la atracción. Al poco rato, empezó el caos.


Las maquinas enloquecían, la protección de estas no servia para nada y la gente caía y caía como comida lanzada para buitres. Algunos aun habiendo caído de tanta altura y velocidad, seguían conscientes, no se mataron de milagro y la gente de la cola ayudaba o echaba a correr despavorida. Vi a mi grupo del que constaba de Lucía y otra chica más que no logre ponerle cara, ir dirección a nuestra capilla, justo donde las escaleras. Lucia ya estaba nerviosa y la chica misteriosa estaba hablando solo conmigo sin que nadie mas nos oyera; diciéndome que todo aquello era simplemente porque la conté el secreto, porque yo se tanto que otros no.
Mi reacción como fue obvia fue un cabreo monumental, segura de mi misma y con la sangre demasiado fría que de costumbre.


Bajamos a la carrera yo detrás de ellas las escaleras principales del instituto, topándome con Jahid casi de frente, subiendo; le salude con cierto sarcasmo e ironía, me encontraba así, pero pareció no oírme ni percatarse de mi presencia y seguí con mi camino, había prisa. 


En la acera paralela a la del instituto, reposaban ''paquetitos'' tapados con lo que serian sudaderas, ropas y mantas en algunos casos. Había un espeluznante numero de ''paquetitos'' que no contenían regalos agradables.
Fui la única que se atrevía a intentar reconocer tantos y tantos cadáveres, algunos tenían expresión de paz, otros simplemente estaban desangrados del gran impacto y otros con una expresión de terror cuando perdieron la vida.


De tantos, no vi a Alberto, el cual le vi estamparse contra el suelo y ver como sus miembros se retorcían en ángulos grotescos. Pero si vi a Maria, a una gran amiga de Lucia, la cual no estaba muy magullada, pero aun así, la escena no era agradable. Informe a Lucia sin dejarla si quiera mirar, ya estaba demasiado nerviosa y afectada. Mientras lloraba en mi hombro, la chica misteriosa me miraba con odio y rencor, como si todo eso hubiera sido mi culpa.


Alejándome de todos ellos, me tope con Alex, me abrazo fuerte y cuando me soltó, puede volver a ver a Jahid a quien le refresque la memoria de que me había visto y a una chica. Tampoco conseguí ponerla cara pero en las intrincadas conversaciones de cosas paranormales, sentía un gran respeto y comprendía gran parte de ello, al menos lo básico, por lo que intuí  que podría ser Pilar.
Alguien de los tres saco un teléfono y se oía al otro lado a Dani, lo supe perfectamente porque hablaba algo cansado hablando de cosas recién descubiertas e intrincadas. Pilar y yo nos mirábamos sin tanta experiencia mientras los hombres del grupo asentían entendiéndolo al milímetro.


Sé que después nos encaminamos todos hacía el ''tanatorio improvisado'' pero lo demás fue negro y vacío.