Jugué con la ilusión de las flores hasta que mi querida amiga Mor apareció tras de mi, depositando un besito en mi mejilla. Hablé con ella de lo que pensaba hacer, la pedí alguna instrucción básica que había olvidado y que me eligiese el atuendo adecuado para lo que tenía pensado hacer.
Me vistió y me otorgo el aspecto de Sairazelle como quería que hiciese; ''Si salgo con este alma, somo tu y yo, así que si no os importa, lo usare en mis viajes''
Sonrió y me abrazo, quedándome al instante dormida.
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Al despertarme, ya despejada y descansada, comencé el viaje que tenía pensado desde la noche anterior. Me encontré con la entrada triangular a aquel mundo en medio del desierto que Dreick me había explicado, recordaba poco de él, hace ya mucho que me lo explico y me había olvidado de cosas.
Lo básico lo tenía: no sabían nada de Valinor y me acordaba de ciertas cosas como el castillo que había ahí.
Sobrevolé siendo invisible la ciudad, intentando conocerla y supe que en hora humana allí serían sobre las 5 o 6 y estaban casi al principio del verano, aunque aun en primavera. Observe la gente desde cerca, siguiendo a un grupo de hombres hablar por una plaza, a una mujer en su casa satisfecha de su trabajo sentándose y leyendo algo, los bosques con un lago en un claro despejado de arboles, en el que un hombre no muy joven pero tampoco mayor, parecía ir a pescar o simplemente observar a los peces.
Quise asegurarme de ser invisible, y toque el agua haciendo que se formasen ondas, y ese hombre miro al cielo, donde no había ninguna nube y después al agua, convencido de que tenia que haber sido un pez.
Solamente me di una vuelta de reconocimiento ya que no recordaba con exactitud que hacer, simplemente me acordé del truco temporal, de poder aparecer en el mismo sitio años antes o después. Volando aún cerca de la gente que ni se enteraba de mi presencia, me sorprendió y asombró algo: una niña de unos 8 o 9 años.
Lo que probablemente fuese su madre, estaba hablando con una mujer, y la niña estaba a sus espaldas, mirando ligeramente al cielo, con una sonrisa de asombro y encantadora. Supe que me miraba a mí y me fijé en cada detalle de la pequeña: Aun suponiendo que tenia esa edad, parecía más pequeña y frágil, con un rostro realmente blanco y bonito, un cabello que le llegaba hasta los hombros bastante ondulado pero sin llegar a ser rizado, de un marrón chocolate con leche precioso. Si no recuerdo mal sus ojos eran grises profundos con el aro del iris tan negro como la pupila y vestía con lo que parecía una ''túnica romana'' de un rosa cerezo muy clarito.
Me miraba con una mezcla de asombro y adoración, también estudiándome con la mirada y quise saber como me había vestido Morwen. Realmente era normal que la pequeña niña me mirara de esa forma: mi atuendo era en su mayoría negro con detalles dorados y rojos rubí, bastante sencillo pero al tiempo super elegante, en cada una de mis manos un anillo reluciente, pulseras negras con brillo y la manga izquierda de mi atuendo era encaje dorado; parecía a ver sido bordado en oro.
También para mi sorpresa cuando la pregunté, sin poderlo evitar, si me veía, reconoció que la encantaba mi pelo y no mi ropa, aunque aún así también adoraba la ropa, todos a su alrededor vestían de forma no muy llamativa.
Su enorme, brillante y encantadora sonrisa de pequeña descubridora me lleno aún más de curiosidad por esa pequeña de pelo chocolate y ojos con brillo de luna.
Quién creía que era su madre ya se dirigía a coger a la pequeña de la mano a lo que me apresuré a decir que esto sería nuestro secreto, y ella asintió encantada y llena de emoción por aquellas palabras.
Ya me alejaba volando marcha atrás aún mirándola mientras me alejaba y ella se despidió saludando con su pequeña mano, cogiendo a su madre después, echando otro vistazo al cielo.
En el que ya no me veía.
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